*Reflexiones del corazon*

domingo, 11 de septiembre de 2011

*Que piensa de la diciplina?

?Que piensa de la diciplina
Disciplina
Stephen Kaung
(Síntesis de un mensaje oral)
Lecturas: Hebreos 12: 7-11, 1ª Corintios 9:24-27, 5:1-8.
Cuando usted oye la palabra ‘disciplina’, probablemente reacciona contra ella. Tenemos un sentimiento negativo hacia la disciplina, como si fuera algo terrible. Pero, queridos hermanos y hermanas, si realmente entendemos lo que es la disciplina, creo que cambiaremos nuestra actitud.
Básicamente, la palabra disciplina significa entrenar; es un tipo de entrenamiento para niños. Es un entrenamiento con el propósito definido de lograr algún carácter especial o conducta que será un perfeccionamiento moral y mental. Incluso la palabra disciplina viene de la palabra discípulo y también alude a la instrucción, o conocimiento de un alumno, esto es, un discípulo. Así, en total, eso es lo que la palabra disciplina realmente significa.
La disciplina no es una palabra terrible, realmente es una buena palabra, porque a través de la disciplina nosotros estamos siendo ejercitados, madurados, y estamos llegando a algo que agrada a Dios. Cuando usted lee la Palabra de Dios, encuentra que la disciplina es algo necesario para nosotros. Incluso cuando Dios creó al hombre y lo puso en el Jardín de Edén, lo puso bajo disciplina, porque Dios proveyó todo para el hombre, y le dijo que él podía comer del fruto de todos los árboles, excepto uno, el árbol del conocimiento del bien y del mal. Ahora, ¿por qué Dios le proveyó todas estas cosas, y lo puso bajo una limitación? Él lo puso bajo disciplina, porque quería entrenar a ese hombre para que pudiera crecer en madurez.
Todos sabemos que cuando el hombre fue creado, físicamente él era totalmente maduro, pero en lo que concierne al significado de adultez, él todavía era un bebé. Él necesitaba crecer, y la única manera de crecer era ser puesto bajo disciplina. Si él obedecía a Dios, se sometería a su autoridad, y entonces crecería y sería lo que Dios había propuesto que el hombre fuese. Pero desgraciadamente, él se rebeló contra la disciplina bajo la que Dios lo había puesto y debido a eso, cayó en pecado. Pero, cuando el hombre entró en pecado, la mano disciplinaria de Dios vino sobre él.
Nosotros podemos pensar que es un tipo de castigo; pero, hermanos y hermanas, igual la mano disciplinaria de Dios tiene el propósito de la restauración y recuperación. Porque con la medida disciplinaria, Dios le dio una promesa al hombre: la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente; en otras palabras, la salvación del hombre estaría en la simiente de la mujer. Si el hombre se sometía bajo la mano poderosa de Dios, esperando la simiente de la mujer que vendría, y confiara en esa simiente, él sería salvo. No sólo sus pecados serían perdonados, sino aun él recibiría la vida del árbol de vida que perdió al principio. Él sería totalmente recuperado para el propósito de Dios.
Gracias a Dios, cuando nosotros creímos en el Señor Jesús, nuestros pecados fueron perdonados, recibimos vida eterna, y fuimos hechos niños de Dios. Entonces, como niños de Dios necesitamos disciplina, porque es sólo a través de la disciplina que podemos crecer en madurez en nuestra vida espiritual. Así que espero que nuestra reacción ante la disciplina cambiará. En lugar de ser temerosos de la disciplina, pienso, si somos buenos niños de Dios, debemos dar la bienvenida a su disciplina.
En la palabra de Dios hay tres niveles o direcciones de disciplina: primero la disciplina de Dios – una disciplina de nuestro Padre celestial; en segundo término, una autodisciplina – una disciplina que debemos realizar por nosotros mismos; y, en tercer lugar, la disciplina de la iglesia – la disciplina en el cuerpo de Cristo.
La disciplina de Dios
Consideremos primero la disciplina de Dios, que viene de nuestro Padre celestial. En el capítulo 12 de Hebreos, usted encontrará que, como niños de Dios, estamos en una pista de carrera; y corremos contra la corriente del mundo. Estamos corriendo hacia el cielo, hacia nuestro Señor Jesús y vamos a ganarlo a él y toda su plenitud. Cuando estamos corriendo como peregrinos en esta tierra, recuerde que estamos corriendo contra la corriente de esta tierra, y por eso, no podemos escapar de todo tipo de contradicciones, sufrimientos, tribulaciones, dolores, oposiciones y hostilidades.
Hay cosas que están aparentemente contra nosotros, intentando tirarnos hacia abajo, para ser conformados a la hechura de este mundo. Eso es lo que el mundo está intentando hacernos. Pero la vida dentro de nosotros nos insta a proseguir adelante hacia la meta celestial.
Cuando estemos bajo ese tipo de forcejeo o batalla, pensemos en nuestro Señor Jesús. Olvidemos todo y miremos a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Pensemos en nuestro Señor, cómo él batalló contra el pecado aun hasta la muerte, aun hasta la sangre. Nosotros no hemos llegado todavía a ese punto, y por eso nos anima a que le sigamos. Nunca permitamos que lo que nos pasa en esta vida nos tire hacia abajo, sino en medio de la batalla miremos a Jesús, y encontraremos que Su gracia nos es suficiente.
Esto es lo aparente; lo que puede verse. Esto es lo que encontramos en nosotros. Pero detrás de lo visible, de todo lo que parece oponérsenos, preocupándonos, está nuestro Padre celestial; y porque él nos ama tanto, él nos ama como sus hijos, él nos disciplina. Él está usando todas esas fuerzas de oposición para ejercitarnos y crecer en nuestra vida espiritual.
Hermanos y hermanas, nosotros necesitamos ver esto. A menudo, cuando nuestros ojos sólo están en nuestras circunstancias, desmayamos y nos cansamos, pero si sabemos que detrás de todo está nuestro Padre celestial, que él sabe todo, que él sabe qué está pasando, y en cierto sentido, que todo está dispuesto por nuestro Padre celestial ... A veces llamamos a esto la disciplina del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo dispone y ordena nuestras circunstancias. Nada nos sucede sin el conocimiento de nuestro Padre celestial.
Nuestro Señor Jesús nos dijo repetidamente, que aun nuestros cabellos han sido contados. No hay nadie, ni siquiera nuestros padres terrenales –que nos aman muchísimo– que puedan contar nuestros cabellos. Pero piense en nuestro Padre celestial. Su amor es tan delicado, su amor es tan profundo que él sabe cuántos pelos tiene usted en su cabeza. No sólo él sabe cuántos son, sino que los ha enumerado uno a uno.
A nosotros, los niños de Dios, no hay nada que nos venga por casualidad: la familia a la que usted pertenece, los hermanos y hermanas que tiene, sus colegas de trabajo, sus compañeros de estudios, son todos puestos por el Espíritu de Dios con amor. Es el amor del Padre celestial que dispone todo. Él nos entrena, él nos instruye para que podamos crecer totalmente.
Por consiguiente, la exhortación es que cuando usted está bajo la disciplina del Padre, no desprecie su disciplina. ¿Qué queremos decir con no despreciar la disciplina del Padre celestial? Significa que cuando su Padre está disciplinándolo y entrenándolo, no lo resista, no lo rechace. Recíbalo en el corazón, entréguese a él y tenga tratos con su Padre celestial cuando él está tratando con usted.
Nuestro Padre celestial está entrenándonos cada momento. No hay un día que pase sin ello. ¿Está usted asustado de su disciplina? Usted no puede escapar, porque usted es su niño. Él lo ama. Así, cada instante de sus días, su disciplina está sobre usted.
Pero desafortunadamente nosotros la menospreciamos. No vemos su mano, sólo vemos el problema, la dificultad, las personas, las cosas que nos pasan. No vemos la mano de nuestro Padre y debido a esto, no aprendemos la lección; murmuramos, nos rebelamos, estamos enfadados. Nuestro enfoque está en el hombre, en las cosas y en los sucesos y cuando hacemos eso, despreciamos la disciplina de nuestro Padre. Si nosotros hacemos eso, él nos ama tanto que arreglará otra circunstancia similar para ponernos de nuevo en la misma situación, y si usted todavía no aprende, tendrá que repetirla.
Hermanos y hermanas, ¿se han preguntado ustedes por qué estas cosas les suceden tan a menudo? Es porque han despreciado la disciplina de su Padre celestial. Queridos hermanos y hermanas, cuando suceda alguna cosa, tómela en el corazón, llévela al Señor, ore sobre eso, busque al Señor. ¿Hay alguna lección que su Padre celestial está intentando enseñarle? Humíllese bajo la poderosa mano de Dios. Sólo de esta forma crecemos en nuestra vida espiritual. No hay otra vía. El verdadero crecimiento espiritual no es el incremento del conocimiento mental, sino el aumento de conocimiento en el corazón y eso quiere decir que usted tiene que aprenderlo por el corazón.
No menosprecie la disciplina de su Padre celestial, ni desmaye bajo su segura mano disciplinaria. A veces desmayamos, cuando es demasiado y no podemos resistirla más, pero, hermanos y hermanas, nosotros desmayamos porque sólo vemos la presión – no vemos que la presión nos ensanchará. No vemos que cuando nosotros llegamos al final de nuestra fuerza, entonces su fuerza empieza en nosotros. Su gracia es suficiente para nosotros; si sólo le miramos a Él. No hay nada demasiado duro, no hay nada demasiado pesado. No es el propósito de su Padre celestial que usted sea presionado y sea aplastado. Su voluntad es que usted sea ensanchado y completado. Así que, amados hermanos y hermanas, damos gracias a nuestro Padre celestial.
Ahora, cuando usted realmente vea esto, su actitud entera hacia la disciplina cambiará. Usted estará agradecido en lugar de murmurar, rebelarse y preguntar por qué. Usted se someterá humildemente bajo su mano poderosa para que pueda aprender las lecciones que él desea que usted aprenda.
“Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo”. Sería falso si decimos que nos regocijamos y estamos muy contentos bajo su disciplina. No, el momento de la disciplina, no es causa de gozo, sino de pesar. Nosotros sentimos dolor, pero después rendirá fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Ahora, si usted no es ejercitado por ella, es decir, si usted menosprecia la disciplina del Señor, o si usted desmaya bajo ella, entonces no rendirá fruto.
Este es el primer nivel de la disciplina. Ninguno escapará de esto. Si usted puede escapar, usted no es un hijo, sino un bastardo, y yo creo que nosotros no lo somos. ¡Gracias a Dios por eso!
La autodisciplina
Junto con la disciplina de Dios, está la autodisciplina. En Gálatas 5:23, con respecto al fruto del Espíritu, el último en ser mencionado es la templanza (dominio propio). Ahora, si es autodominio, ¿cómo puede decirse que es fruto del Espíritu? Así que se muestra aquí la relación entre el autodominio y el control del Espíritu. De hecho, el autodominio es una cooperación de nuestra parte – nosotros cooperamos con el Espíritu en su control. Él está controlándonos y cuando él intenta controlarnos, nosotros respondemos, nosotros cooperamos con él, y a eso se llama templanza o autodominio.
Hermanos y hermanas, en 1ª Timoteo capítulo 4, el apóstol Pablo dice: “...el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha”. Este ejercicio espiritual es beneficioso, no sólo en esta edad, sino incluso en la edad venidera. Nosotros necesitamos el ejercicio físico, porque es importante para la salud. Nosotros crecemos no sólo comiendo, bebiendo y durmiendo, sino también a través del ejercicio físico. Por esa razón vemos que los niños son tan activos; es porque ellos están creciendo.
Esto es bueno, pero es temporal. Sin embargo el ejercicio espiritual –ejercitarse para la piedad– no sólo es provechoso para esta vida, sino también para la venidera. Ahora, ¿qué queremos decir por ejercicio espiritual? Hermanos y hermanas, ¿nos ejercitamos nosotros espiritualmente todos los días? ¿Coopera nuestro espíritu con el Espíritu Santo en tal ejercicio para la piedad? Cuando el Espíritu Santo toca la conciencia de nuestro corazón, ¿cómo respondemos nosotros? ¿Está nuestro espíritu ejercitado para responder a la voz del Espíritu en nuestra conciencia, de manera que oímos y obedecemos?
Nuestra conciencia acusa o excusa. A veces nuestra conciencia nos acusa: somos culpables de algo que hemos hecho. Muy rara vez nuestra conciencia nos excusa y dice que estamos bien. Cuando crecemos en el Señor, nuestra conciencia nos excusará más de lo que nos acusa. Ésa es una señal de crecimiento. Cuando el Espíritu Santo toca nuestra conciencia y nuestra conciencia está trabajando, o bien nos acusa o nos excusa. Ahora, cuando lo hace, ¿se ejercita usted mismo?
Escuche la voz del Espíritu, y si usted se ejercita, usted caminará por la senda de rectitud.
Esta es la única manera en que podemos andar en justicia. ¿Cómo podemos caminar rectamente ante Dios en nuestra vida diaria? ¿Cómo sabemos que esto es correcto o esto está equivocado? No por norma humana, no por costumbre, sino por el Espíritu Santo que toca nuestra conciencia. Si seguimos la voz de nuestra conciencia, caminaremos por la senda de justicia, en otras palabras, somos rectos ante Dios. Nuestra conciencia está en paz y no nos acusa. ¡Cómo necesitamos la sangre de nuestro Señor Jesús todos los días y a cada momento!
El Espíritu de Dios, como la unción que mora en nuestro espíritu, nos enseña todas las cosas. Vemos en 1ª Juan 2 que su enseñanza es verdadera y no es mentira. La palabra dice: escuche, obedezca la enseñanza de la unción, y permanezca en Cristo. ¿Cómo caminamos nosotros en senda de santidad; en la senda de los que han sido apartados? Es por la vía de la intuición. Nosotros sabemos intuitiva-mente lo que es el propósito de Dios, porque él nos enseña en nuestro espíritu. No es una enseñanza que coleccionamos por información externa; es una enseñanza directa del Espíritu Santo dentro de nosotros.
Si él nos enseña, es verdad, y si obedecemos a la unción, nosotros caminamos por senda de santidad. Esa es la autodisciplina. La gloria de Dios se nos manifiesta, su presencia está con nosotros y si tenemos comunión con él, entonces la gloria se reflejará en nuestras vidas. Nosotros seremos transformados de gloria en gloria y conformados a la imagen de Cristo. Ésa es la forma en que nosotros crecemos en su carácter.
Pero si descuidamos nuestra conciencia, y lo que ella nos habla, continuaremos en pecado y oscuridad. Si no escuchamos la enseñanza de la unción, entonces nos conformaremos al mundo en lugar de santificarnos. Si descuidamos la comunión con nuestro Dios, no seremos transformados de gloria en gloria. Así que necesitamos ejercitarnos. Queridos hermanos y hermanas, ¿es nuestro espíritu un mentiroso durmiente? ¿O está nuestro espíritu en comunión activa con Dios, viendo su gloria día a día y oyendo su voz y enseñanza?
Este tipo de ejercicio y disciplina necesita seguir en nuestro espíritu, y cuando estamos ejercitando nuestro espíritu entonces, según Efesios 3, el Espíritu Santo fortalecerá a nuestro hombre interior y Cristo vendrá y morará en nuestros corazones y nosotros seremos arraigados y cimentados en amor. En otras palabras, es sólo cuando en nuestro espíritu estamos en unión con el Espíritu de Dios en un sentido práctico que la autodisciplina continuará adelante en nosotros. ¡Niéguese a sí mismo, tome su cruz y siga al Señor!
Hermanos y hermanas, si nuestro espíritu no es ejercitado, no sabremos cómo negarnos a nosotros mismos, ni siquiera podremos reconocer lo que es de nosotros. Pero cuando usted realmente está en una comunión viviente con Dios y en cooperación con el Espíritu de Dios, encontrará que incluso en su vida diaria, su alma será tratada, sus afectos serán tratados, su mente, su voluntad y su opinión serán tratados. En otras palabras, negándonos, tomando nuestra cruz y siguiendo al Señor, eso nos librará del pecado, del mundo, de la muerte, de nosotros mismos, de nuestra carne y de nuestro enemigo.
Cuando usted lo hace, alcanzará incluso a su cuerpo. Pablo dijo: Yo golpeo mi cuerpo y esa es una palabra fuerte. Es decir, “golpeo mi cuerpo hasta quedar amoratado”. ¿Por qué? Porque nuestro cuerpo físico, nuestras deseos y pasiones intentan controlarnos, intentan inhibirnos de seguir al Señor. Así que Pablo dijo: “lo pongo en servidumbre”. “No permitiré que mi cuerpo sea mi amo. Él es mi esclavo, no mi amo”. ¿Tenemos nosotros tal disciplina? ¿Se levanta usted temprano por la mañana para tener comunión con Dios? ¿O ama usted su lecho y su cuerpo más que al Señor? Disciplina. Necesitamos disciplina. Cuando venimos a reunión, si empieza a las 10, ¿llegamos a las 10:30? Necesitamos disciplina. Ser puntual es parte de la autodisciplina.
Hermanos, desgraciadamente, nosotros no conocemos la autodisciplina. La vida cristiana es una vida disciplinada. Si no nos disciplinamos bajo el Espíritu Santo y en cooperación con el Espíritu Santo, no estamos caminando como cristianos. ¡Cómo Pablo se disciplinó y cómo nosotros descuidamos la autodisciplina!
No piensen que una vida cristiana es una vida fácil; no puede ser, porque el mundo no se lo permitirá. Una vida cristiana es una vida disciplinada: nosotros estamos bajo la disciplina de Dios y nos disciplinamos en respuesta a Dios nuestro Padre. La autodisciplina es necesaria para nuestro crecimiento espiritual.
La disciplina en el cuerpo de Cristo
En tercer lugar, está la disciplina del cuerpo. Nosotros que hemos creído en el Señor Jesús no somos sólo individuos. Nuestra individualidad nunca desaparecerá; hasta la eternidad tendremos todavía nuestra individualidad, y Pedro todavía es Pedro, Juan todavía es Juan. Incluso en la Jerusalén celestial, los doce fundamentos son doce piedras diferentes. Nuestra individualidad nunca dejará de ser, pero nuestro individualismo necesita ser tratado.
En otras palabras, no somos sólo individuos; después de que fuimos salvos, fuimos puestos en el cuerpo de Cristo, y hechos miembros los unos de los otros. Usted no está solo, usted no es el cuerpo: usted es sólo un miembro. Usted no puede permanecer solo. Usted tiene que estar con los otros miembros del cuerpo. Y estar en el cuerpo significa participar de una disciplina. Todos los miembros de mi cuerpo están bajo disciplina. Si cualquier miembro se hace independiente, entonces la enfermedad entrará, la muerte entrará.
La disciplina es necesaria para que el cuerpo crezca. La ley del cuerpo es amor, y porque hay amor, hay disciplina. No mire ninguna disciplina en términos de su apariencia exterior sino vea más allá de ella, y vea el amor detrás de ella. Nuestro Padre celestial nos disciplina porque Él nos ama tanto. Siendo miembros del cuerpo, nos amamos unos a otros, y porque nos amamos, nos disciplinamos unos a otros.
La disciplina nunca viene del odio, sino del amor. Si usted ama, entonces usted puede disciplinar, pero si usted no ama, ¿se atrevería a hacerlo? Cada miembro de mi cuerpo ama al otro tanto que ellos trabajan juntos para cuidar de sí. La disciplina es cuidado. Intenta instruir, juzgar, entrenar y animar unos a otros y esa es la disciplina del cuerpo. Si usted está en el cuerpo, usted debe esperar disciplina. Es para su bien.
John Darby, en su libro “El carácter y objeto de la disciplina en la Casa de Dios”, clasificó la disciplina en tres áreas. Una es la disciplina fraternal, otra es disciplina paternal y finalmente, la disciplina de la iglesia.
La disciplina fraternal
En Mateo capítulo 18, si su hermano peca contra usted, ¿qué debe hacer? ¿Guardarle rencor? Naturalmente no lo hará. Ustedes son miembros los unos de los otros, y deben perdonar. Cuando usted come demasiado rápido y se muerde la lengua, ¿qué pasa a su lengua? Ella perdona, y luego, todavía trabajan juntos. El amor está detrás. ¿Hay pecado que su hermano pueda cometer contra usted que sea mayor que el que usted cometió contra su Padre celestial? Él lo ha perdonado todo.
Así que, ¿cómo podemos no perdonar a nuestros hermanos y hermanas? Nosotros le debíamos diez mil talentos, y él nos perdonó. Pero nuestro hermano puede debernos sólo cien denarios, ¿cómo no podemos perdonarlo? Si no lo hacemos nosotros, nuestro Padre celestial no nos perdonará.
Así que, si un hermano peca contra usted, ¿qué hace usted? Perdonarlo. Pero eso no es todo, porque el amor camina la segunda milla. Usted ama a su hermano tanto, que si él está en oscuridad y usted está en luz, debe intentar restaurarlo. Ir a él y convencerlo, reprenderlo, mostrarle, instruirlo y ayudarle a que vea. En amor, hable la verdad, no en un espíritu vengativo, y en esperanza usted ganará a su hermano y lo restaurará a la comunión. Ésa es disciplina que conduce hacia la restauración, no hacia la destrucción.
Si él no lo escucha, es su responsabilidad de amor, así que consiga uno o dos hermanos a quienes él respete, y vaya y ruegue con ellos. Ésta es la disciplina fraternal. Si, como hermanos y hermanas en el cuerpo de Cristo, realmente ejercitamos esta disciplina fraternal de unos a otros, desaparece la mayoría de los problemas en la iglesia. La razón de que tenemos tantos problemas es porque todos fallamos en nuestra responsabilidad de amor.
La disciplina paternal
Luego, hay otro nivel. Gálatas 6:1: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre ... no sea que tú también seas tentado”. Esto se llama disciplina paternal. Según 1ª Juan, en la familia de Dios, hay niños pequeños, hay jóvenes y hay padres. Hay aquellos que son espiritualmente más maduros; aquellos que conocen a Dios de una manera más profunda.
Si usted ve las cosas más claramente, ha recibido más tratos de Dios y ha pasado por muchas cosas, aprendiendo sus lecciones, sus ojos están abiertos, y cuando usted ve a cualquier hermano o hermana cayendo en alguna falta, ellos no lo perciben, pero usted lo ha experimentado antes, usted ha pasado por ese camino antes, y sabe lo que es y cómo salir de él. Es su responsabilidad de amor restaurar a ese hermano. Usted no puede permanecer indiferente y permitir a ese hermano caer. Tiene que ir a restaurarlo, pero con un espíritu de mansedumbre. No vaya a él con arrogancia: “Yo lo sé mejor, tú estás en falta, arrepiéntete”, como si usted fuera el juez. No, usted no es mejor que él; es la gracia de Dios.
Dios no lo ha puesto como juez, no, vaya con un espíritu de mansedumbre. Humíllese ante su hermano, dígale que también usted ha pasado por una cosa similar, y lo que el Señor le ha enseñado. Intente restaurarlo, pero al mismo tiempo sea temeroso de que también usted no caiga en tentación. A veces cuando usted trata con otro hermano, usted cae en tentación. Usted está intentando rescatarlo, pero usted cae en la trampa: se pone enfadado y arrogante, empieza a despreciar a su hermano. Usted también ha caído. Tenga cuidado de ello.
Esa es la disciplina paternal. Cómo necesitamos padres y madres en la Casa de Dios que puedan realmente cuidar de aquéllos que son débiles y más jóvenes en el Señor.
La disciplina de la iglesia
Ahora, si se ejerce disciplina fraternal y paternal en la iglesia, la iglesia no tiene casi ninguna necesidad de ejercer disciplina. Todo está cuidado, y así es como debe ser. La disciplina de la iglesia es el último recurso. Usted no entra livianamente en la disciplina de la iglesia. ¡Quiénes somos nosotros, pecadores perdonados, para ponernos como jueces de nuestros hermanos y hermanas! Que ese espíritu nunca entre en nuestras vidas.
Nosotros somos tan pecadores como los demás, y cuando se ejerce la disciplina de la iglesia, no sólo es aplicada sobre cierto hermano o hermana, sino que al mismo tiempo toda la iglesia está bajo disciplina. En otras palabras, la iglesia entera está en arrepentimiento, en un espíritu afligido, dolorido y contrito, porque cuando un miembro cayó, el cuerpo entero sufrió. Ése es el tipo de espíritu. No es que un miembro será disciplinado y usted está de pie justificado ante Dios. Usted está en la misma posición.
Humíllese ante el Señor: el fracaso de este hermano es mi fracaso. La iglesia entera está en ese espíritu, y sólo en ese espíritu puede ser ejercida la disciplina. Esa es la razón por la cual Pablo tiene que avivar la conciencia de la iglesia, para disciplinar al hermano que ha pecado tan gravemente. Ni siquiera el mundo tiene tal pecado, pero la iglesia piensa que ellos están bien; ellos son liberales y tolerantes, no tienen cuidado. La iglesia entera necesita estar bajo convicción, ya que es nuestro descuido, es nuestro pecado. Si un hermano está en pecado, entonces todos nosotros estamos en pecado y todos nosotros lloramos ante el Señor. Es en ese espíritu que ese hombre que no se arrepiente es cortado de la iglesia. Y aun eso es para restauración, para que su espíritu pueda ser salvado, y él pueda arrepentirse. Si se arrepiente, recíbalo de vuelta, con amor. Hermanos y hermanas, esa es la atmósfera de la disciplina de la iglesia.
El Señor nos ayude y nos permita comprender que necesitamos la disciplina. Necesitamos que nuestro Padre celestial nos discipline; de otra manera seríamos bastardos. ¿Le pedirá usted que lo discipline? Luego, ¡cuánto necesitamos la autodisciplina! Si no, nos perderemos y detendremos el crecimiento. ¡Y cómo necesitamos andar con temor y temblor cuando tocamos el tema de la disciplina de la iglesia, la disciplina del cuerpo! Si hay bastante amor, puede hacerse.
Que el Señor nos ayude.

Aprende *Los Dones Ministeriales por David Servant

Aprende *Los Dones Ministeriales por David Servant http://www.heavensfamily.org/ss/espanol/dmm_spanish/dmm_spanish_02
“Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Y Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” ( Efesios 4:7, 11-13, énfasis agregado).
“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas” ( 1 Corintios 12:28, énfasis agregado).
Los dones ministeriales, como con frecuencia se conocen, son los llamados y las habilidades varias dadas a ciertos creyentes que les permite estar en la posición de un apóstol, profeta, evangelista, pastor o maestro. Nadie puede estar en estas posiciones por sí mismo. Más bien, Dios es el que llama y el que da los dones.
Es posible que una persona pueda ejercer más de uno de estos cinco oficios, pero sólo ciertas combinaciones son posibles. Por ejemplo, es posible que un creyente tenga el llamado de pastor y maestro o profeta y maestro. Sin embargo, no es probable que alguien pueda ejercer el oficio de evangelista y pastor, por la simple razón de que el trabajo de pastor le obliga a permanecer en un solo lugar sirviendo a su rebaño, y el evangelista debe viajar con frecuencia.
Aunque todos estos cinco oficios han sido dados para diferentes propósitos, estos han sido dados a la iglesia con un propósito general, “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio” (Efesios 4:12).9 La meta de cada ministro debe ser el perfeccionar a los santos (los “apartados” para Dios) para obras de servicio. Sin embargo, con mucha frecuencia, aquellos en el ministerio actúan como si hubieran sido llamados no para perfeccionar a la gente santa para hacer obras de servicio, sino para entretener a los carnales que simplemente vienen a sentarse en los cultos. Cada persona que ha sido llamada a alguno de estos cinco oficios debe evaluar constantemente su contribución para “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”. Si cada ministro lo hiciera, eliminaría numerosas actividades consideradas erróneamente como “ministerio”.

¿Fueron Algunos de los Dones Ministeriales Sólo para la Iglesia Primitiva?

¿Por cuánto tiempo se le otorgarán estos dones ministeriales a la iglesia? Jesús los dará por todo el tiempo que sea necesario para que sus santos se perfeccionen para la obra del ministerio, que es, por lo menos, hasta que Él regrese. La iglesia constantemente toma cristianos recién convertidos que necesitan crecer, y el resto de nosotros siempre necesitaremos madurar espiritualmente.
Algunos, desafortunadamente han concluido que sólo dos clases de ministerio existen hoy en día, pastores y evangelistas, como si Dios hubiera cambiado su plan. No es así. Todavía necesitamos apóstoles, profetas, y maestros tanto como en la iglesia primitiva. La razón por la que no vemos muchos ejemplos de estos dones en muchas de las iglesias alrededor del mundo es simplemente porque Jesús da estos dones a su iglesia, y no a la iglesia falsa, sin santidad y que predica un evangelio falso. En la iglesia falsa se puede encontrar sólo a aquellos que débilmente intentan llevar a cabo los roles de algunos de los dones ministeriales (mayormente pastores y algunos evangelistas), pero ellos difícilmente se asemejan al ministerio ungido con un llamado de Dios que Jesús entrega a su iglesia. Ciertamente no están equipando a los santos para la obra del ministerio, porque el evangelio que predican no resulta en santidad; sólo engaña a la gente para que piense que ha sido perdonada. Además, este tipo de gente no desea ser perfeccionada para el ministerio. No tienen la intención de negarse a sí mismos y tomar sus cruces.

¿Cómo Sabes si has Sido Llamado?

¿Cómo sabe una persona si él o ella han sido llamados para uno de estos oficios de la iglesia? En primer lugar, va a sentir un llamado divino de Dios. Se sentiría con una carga para llevar a cabo cierta tarea. Esto va mucho más allá que únicamente identificar y llenar una necesidad. Más bien, es un hambre dada por Dios manifestada dentro de la persona que le constriñe por cierto ministerio. Si es verdaderamente llamado por Dios, no estará satisfecho hasta que no comience su llamado. Esto no tiene relación con el ser llamado por un hombre o por un comité. Dios es el que hace el llamado.
Segundo, la persona que ha sido verdaderamente llamada por Dios se sentirá equipada por Él para llevar a cabo la tarea que le fue dada. Cada uno de estos cinco oficios lleva una unción sobrenatural que le permite al individuo hacer lo que Dios le ordenó hacer. Con el llamado viene la unción. Si no hay unción, no hay llamado. Alguien puede aspirar a funcionar en cierto ministerio, asistir a la escuela bíblica por cuatro años educándose y preparándose para este ministerio, pero sin la unción de Dios, no tendrá oportunidad de alcanzar el éxito.
Tercero, él encontrará que Dios le ha abierto algunas puertas llenas de oportunidades para ejercer sus dones particulares. De esta forma él puede probar su fidelidad, y eventualmente se le confiarán mayores oportunidades, responsabilidades y dones.
Si una persona no ha sentido un llamado divino a ejercer uno de estos cinco dones ministeriales, o sí no siente ninguna unción especial para llevar a cabo la tarea que Dios le ha dado, o si no ha aparecido ninguna oportunidad para ejercer los dones que cree que posee, esta persona no debería intentar hacer algo que Dios no la ha llamado a hacer. Más bien, debería esforzarse para ser una bendición en su iglesia local, su vecindad, y su lugar de trabajo. Aunque no haya sido llamada para ninguno de los cinco dones ministeriales, ha sido llamada para usar los dones que Dios le ha dado y debe de mantenerse fiel en ello.
Aunque la Escritura menciona los cinco ministerios, esto no quiere decir que toda persona que opera en uno de estos oficios tendrá un ministerio idéntico. Pablo escribió que, “hay diversidad de ministerios” (1 Corintios 12:5), haciendo una diferenciación entre los ministros que se encuentran en el mismo oficio. Más aún, parece que existen varios niveles de unción entre los que tienen los diferentes oficios, así que podríamos catalogar cada oficio según su grado de unción. Por ejemplo, hay algunos maestros que parecen estar más ungidos en cierta manera que otros maestros. Lo mismo ocurre con los otros dones ministeriales. Yo personalmente creo que cada ministro puede hacer cosas que darán como resultado un incremento en la unción de su ministerio, tales como probar su fidelidad durante un periodo de tiempo y consagrarse profundamente a Dios.

Miremos de Cerca el Oficio del Apóstol

La traducción en griego de la palabra apóstol es apostolos que significa literalmente “uno que es enviado”. Un verdadero apóstol del Nuevo Testamento es un creyente divinamente enviado a un lugar o lugares para establecer iglesias. Él da el fundamento espiritual en el “edificio de Dios” y se puede comparar con un “contratista general”, como Pablo escribió:
“porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo, como perito arquitecto, puse el fundamento y otro edifica encima” (1 Corintios 3:9-10a, énfasis agregado).
Un “perito arquitecto” o contratista general, supervisa todo el proceso de construcción, él visualiza el producto terminado. Él no es un especialista como el carpintero o el albañil. Pueda que haga algún trabajo como carpintero o albañil, pero probablemente no tan bien como ellos. De la misma forma, el apóstol tiene la habilidad de hacer el trabajo de un evangelista o pastor, pero sólo por un tiempo limitado mientras se establece la iglesia. (El apóstol Pablo usualmente permanecía en un lugar de seis meses a tres años).
El apóstol es el mejor en establecer iglesias y luego supervisarlas para que sigan por el camino de Dios. El apóstol es responsable de instalar ancianos/ pastores/ superintendentes para que pastoreen cada congregación que él planta. (Ver Hechos 14:21-23; Tito 1:5).

Falsos y Verdaderos Apóstoles

Pareciera que algunos ministros hoy en día, deseando más autoridad sobre sus iglesias, proclaman con rapidez su llamado de apóstoles, pero la mayoría de ellos tienen un gran problema. Debido a que ellos no han establecido iglesias (o tal vez sólo una o dos) y no tienen los dones ni la unción bíblica de un apóstol, deben buscar pastores débiles que les permitan tener autoridad sobre sus iglesias. Si tú eres un pastor, no te dejes engañar por estos falsos apóstoles, egocéntricos y hambrientos de poder. Generalmente, son lobos con piel de oveja que con frecuencia andan detrás del dinero. La Escritura nos advierte acerca de los falsos apóstoles (ver 2 Corintios 11:13, Apocalipsis 2:2). Si tienen que decirte que son apóstoles, esta es probablemente una indicación de que no lo son. Su fruto debe ser evidente.
Un pastor que establece su propia iglesia y se queda pastoreándola por años no es un apóstol. A estos pastores quizá se les puede llamar “pastores apostólicos” pues son pioneros en su propia iglesia. Aún así, no tienen el oficio de apóstol pues no han plantado más iglesias.
Un verdadero “misionero” como se les llama hoy en día, ungido y enviado por Dios, llamado a establecer iglesias, podría trabajar en el oficio de apóstol. Por otro lado, los misioneros que plantan escuelas bíblicas o entrenan pastores no son apóstoles sino maestros.
Un verdadero ministerio de apóstol se caracteriza por las señales y los prodigios sobrenaturales, los cuales son instrumento esencial para ayudarles a plantar iglesias. Pablo escribió:
“En nada he sido menos que aquellos «grandes apóstoles », aunque nada soy. Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, señales, prodigios y milagros “(2 Corintios 12:11b-12).
Si una persona no es acompañada en su ministerio de señales y prodigios, no es un apóstol. Obviamente, los verdaderos apóstoles son escasos, y no existen en medio de la iglesia sin santidad y que predica un falso evangelio. Yo los he encontrado mayormente en los lugares del mundo en donde todavía hay territorio virgen para el evangelio.

El Máximo Rango del Apóstol

En ambas listas de los dones ministeriales del Nuevo Testamento, el oficio del apóstol está de primero, indicando que es el llamado más alto (ver Efesios 4:11; 1 Corintios 12:28).
Nadie comienza su ministerio como un apóstol. Una persona puede haber sido llamada para ser apóstol eventualmente, pero no comenzará en este oficio. Él primeramente deberá probar que es fiel durante un periodo de años en la predicación y la enseñanza, entonces, eventualmente, se encontrará en el oficio para el que Dios le ha preparado. Pablo fue llamado desde el vientre de su madre para ser un apóstol, pero estuvo muchos años en un ministerio a tiempo completo antes de que finalmente empezara su oficio (ver Gálatas 1:15-2:1). Él realmente se inició como maestro y profeta (ver Hechos 13:1-2), y después fue promovido para ser apóstol cuando fue enviado por el Espíritu Santo (ver Hechos 14:14).
Encontramos mención de otros apóstoles además de Pablo y los primeros doce en Hechos 1:15-26; 14:14; Romanos 16:7; 2 Corintios 8:23; Gálatas 1:17-19; Filipenses 2:25 y Tesalonicenses 1:1 y 2:6). (La palabra traducida como mensajero en 2 Corintios 8:23 y Filipenses 2:25 corresponde a la palabra griega apostolos). Esto desecha la teoría de que el oficio de apóstol sólo fue hecho para doce hombres.
Sin embargo, sólo doce apóstoles se pueden clasificar como “apóstoles del Cordero” y sólo estos doce tendrán un lugar especial en el reino milenial de Cristo (ver Mateo 19:28; Apocalipsis 21:14). Ya no necesitamos apóstoles como Pedro, Santiago o Juan que fueron inspirados para escribir la Escritura, porque la revelación bíblica está completa. Sin embargo, todavía hoy necesitamos apóstoles que establezcan iglesias por el poder del Espíritu Santo, igual que Pablo y los otros lo hicieron, como se describe en el libro de los Hechos.

El Oficio del Profeta

El profeta es alguien que recibe una revelación sobrenatural y habla con una inspiración divina. Naturalmente, con frecuencia es usado con el don de profecía igual que con los dones de revelación: palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, y discernimiento de espíritus.
Todo creyente puede ser usado por Dios con el don de profecía por la voluntad del Espíritu, pero esto no lo convierte en un profeta. Un profeta es, primero que todo, un ministro que puede predicar y enseñar con unción. Debido a que los profetas parecen ser los segundos en la lista (ver el orden dado en 1 Corintios 12:28), aun un ministro a tiempo completo no puede ejercer el oficio de profeta hasta que él haya sido ministro por varios años. Si realmente ejerce este oficio, él cumplirá con las condiciones sobrenaturales que van con dicho oficio.
Dos hombres que se nombran como profetas en el Nuevo Testamento son Judas y Silas. Leemos en Hechos 15:32 que ellos dieron una larga profecía a la iglesia en Antioquía:
“Judas y Silas, que también eran profetas, consolaron y animaron a los hermanos con abundancia de palabras”.
Otro ejemplo del Nuevo Testamento es acerca del profeta Agabo. en Hechos 11:27-28 leemos:
“En aquellos días, unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y levantándose uno de ellos llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sobrevino en tiempo de Claudio”.
Note que a Agabo le fue dada una palabra de sabiduría, algo acerca del futuro le había sido revelado a él. Por supuesto que Agabo no sabía todas las cosas que podrían pasar en el futuro, él solo sabía lo que el Espíritu Santo le revelaba.
En Hechos 21:10-11, hay otro ejemplo de una palabra de sabiduría operando a través del ministerio de Agabo. Esta vez le hablaba a una persona, Pablo:
“Mientras nosotros permanecíamos allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, se ató los pies y las manos y dijo: Esto dice el Espíritu Santo: “así atarán los judíos en Jerusalén al hombre de quien es este cinto, y lo entregarán en manos de los gentiles”.
¿Es bíblico bajo el Nuevo Pacto buscar dirección personal en los profetas? No. La razón se debe a que todos los creyentes tienen al Espíritu Santo dentro de ellos para que los guíe. El profeta sólo debe confirmar al creyente lo que a él ya le fue revelado por Dios en su propio espíritu. Por ejemplo, cuando Agabo le profetizó a Pablo, no le dio dirección de lo que se suponía que tenía que hacer; él sólo le confirmó a Pablo lo que él ya sabía desde hacía un tiempo.
Como lo dije previamente, Pablo fue partícipe del oficio de profeta (y de maestro) antes de que fuera llamado al oficio de apóstol (ver Hechos 13:1). Sabemos que Pablo recibió revelaciones del Señor de acuerdo con Gálatas 1:11-12, y también tenía muchas visiones (ver Hechos 9:1-9; 18:9-10; 22:17-21; 23:11; 2 Corintios 12:1-4).
Como sucede con los verdaderos apóstoles, tampoco encontramos auténticos profetas en la falsa iglesia. La falsa iglesia evade a los verdaderos profetas como Silas, Judas y Agabo. La razón es porque los verdaderos profetas traerían una revelación del disgusto de Dios por su desobediencia (como lo hizo Juan con la mayoría de iglesias en Asia menor en los primeros dos capítulos de Apocalipsis). La falsa iglesia no se abre a esa revelación.

El Oficio de Maestro

De acuerdo al orden que se encuentra en 1 Corintios 12:28, el oficio del maestro es el tercer llamado más enaltecido. Un maestro es aquel que es ungido sobrenaturalmente para enseñar la Palabra de Dios. Sólo porque algunos enseñan la Biblia no quiere decir que sean maestros del Nuevo Testamento.
Muchos enseñan simplemente porque les gusta o se sienten obligados, pero la persona que está en el oficio de maestro está dotada sobrenaturalmente para enseñar. Con frecuencia recibe revelaciones sobrenaturales de la palabra de Dios y puede explicar la Biblia en una forma que sea entendible y aplicable.
Apolos es un ejemplo en el Nuevo Testamento de uno que tenía este oficio. Pablo comparó su ministerio apostólico con el ministerio de enseñanza de Apolos en 1 Corintios al decir:
“Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios..... Yo puse el fundamento y otro edifica encima (1 Corintios 3:6, 10b).
Apolos el maestro no plantó ni puso ningún fundamento. En vez de eso, él regó las nuevas plantas con la Palabra de Dios y construyó las paredes sobre el fundamento existente.
Apolos también se menciona en Hechos 18:27-28:
“Cuando él (Apolos) quiso pasar a Acaya, los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos que lo recibieran. Al llegar allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído, porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo”
Note que Apolos “fue de gran provecho” para la gente que ya era cristiana y que su enseñanza fue descrita como “con gran vehemencia”, es decir poderosa. La enseñanza ungida siempre es poderosa.
Para la iglesia, el ministerio de la enseñanza es aún más importante que el hacer milagros o el don de sanidades. Es por eso que se encuentra antes que estos dones en 1 Corintios 12:28:
“Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan” (énfasis agregado).
Desafortunadamente, los creyentes algunas veces son más atraídos a ver sanidades que a escuchar una clara enseñanza de la Palabra, la cual producirá crecimiento espiritual y santidad en sus vidas.
La Biblia habla acerca de la enseñanza y la predicación. La enseñanza es más lógica e instructiva, en tanto que la predicación está más llena de inspiración y de motivación. Los evangelistas generalmente predican. Los maestros y pastores generalmente enseñan. Los apóstoles predican y enseñan. Es lamentable que algunos creyentes no reconozcan el valor de la enseñanza. Algunos piensan que los predicadores están ungidos únicamente cuando hablan fuerte y rápido. Esto no es así.
Jesús es el mejor ejemplo de un maestro ungido. Su enseñanza fue parte predominante de su ministerio y se le conocía como el “maestro” (Mateo 8:19; Marcos 5:35; Juan 11:28).
Para un próximo estudio acerca de los maestros y la enseñanza, ver Hechos 2:42; 5:21, 25, 28, 42; 11:22-26; 13:1; 15:35; 18:11; 20:18-20; 28:30-31; Romanos 12:6-7; 1 Corintios 4:17; Gálatas 6:6; Colosenses 1:28; 1 Timoteo 4:11-16; 5:17; 6:2;
2 Timoteo 1:11; 2:2 y Santiago 3:1. Esta última escritura nos dice que los maestros serán sujetos a un juicio más estricto, y por eso deben ser muy cautelosos cuando enseñen. Ellos sólo deben enseñar la Palabra.

El Oficio del Evangelista

El evangelista es alguien que es ungido para predicar el evangelio. Sus mensajes son diseñados para llevar a la gente al arrepentimiento y a la fe en el Señor Jesús. Dichos mensajes van acompañados por milagros que atraen la atención de los incrédulos y los convence de la verdad de su mensaje.
No hay duda de que había muchos evangelistas en la iglesia primitiva, pero en el libro de Hechos sólo un hombre aparece como evangelista. Su nombre era Felipe: “entramos en casa de Felipe, el evangelista, que era uno de los siete, y nos hospedamos con él” (Hechos 21:8, énfasis agregado).
Felipe comenzó su ministerio como siervo (o quizás como “diácono”) que servía en las mesas (ver Hechos 6:1-6). Él fue promovido para el oficio de evangelista cerca del tiempo de la persecución de la iglesia que se levantó en la época en que apedrearon a Esteban. Él primeramente predicó el evangelio en Samaria:
“Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo. La gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que les decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía, pues de muchos que tenían espíritus impuros, salían estos lanzando gritos; y muchos paralíticos y cojos eran sanados; así que había gran gozo en aquella ciudad” ( Hechos 8:5-8).
Nótese que Felipe sólo tenía un mensaje, Cristo. Su meta era comenzar a hacer discípulos, que fueran obedientes seguidores de Cristo. Él habló de Jesús como hacedor de milagros, Hijo de Dios, Señor, Salvador y Juez que pronto vendría. Él instaba a la gente a que se arrepintiera y a que siguiera a su Señor.
También note que Felipe estaba equipado con señales y prodigios sobrenaturales que legitimaban su mensaje. Alguien que se encuentre en el oficio de evangelista será ungido con dones de sanidad y otros dones espirituales. La iglesia falsa sólo tiene falsos evangelistas que proclaman un falso evangelio. El mundo está lleno de este tipo de evangelistas hoy en día, cuyos mensajes Dios no confirma con milagros y sanidades. La razón de esto es que no predican el evangelio de Dios. Realmente no predican a Cristo. Generalmente predican acerca de las necesidades de la gente y de cómo Jesús puede darles una vida abundante, o también predican una fórmula de salvación que no incluye el arrepentimiento. Llevan a la gente a una falsa conversión que elimina su culpa pero no los salva. El resultado de su prédica es que la gente casi no tiene oportunidad de nacer de nuevo verdaderamente, porque no ven la necesidad de recibir lo que ellos creen que ya tienen. Este tipo de evangelistas están ayudando al reino de Satanás.
El oficio de evangelista no está enumerado con los otros dones ministeriales en 1 Corintios 12:28, pero sí lo está en Efesios 4:11. Sin embargo, asumo que la referencia que se encuentra allí acerca de los milagros y las sanidades aplica a los evangelistas, pues estas características estaban en el ministerio de Felipe el evangelista, y estos dones darían una justificación sobrenatural al ministerio de cualquier evangelista.
Muchos que viajan de iglesia en iglesia, llamándose a sí mismos evangelistas, no lo son realmente, porque sólo predican a los cristianos en las iglesias, y no tienen los dones de sanidades y milagros. (Algunos pretenden tener estos dones, pero engañan sólo a los ingenuos. Sus mayores milagros son que la gente caiga al suelo temporalmente cuando ellos mismos los empujan.) Estos ministros viajeros pueden ser maestros o predicadores o exhortadores (ver Romanos 12:8), pero no tienen el oficio de evangelista. Sin embargo, es posible que Dios pueda comenzar el ministerio de una persona como un predicador o exhortador y después llevarlo al oficio de evangelista.
Para un próximo estudio acerca del oficio de evangelista, lea Hechos 8:4-40, un relato del ministerio de Felipe. Se debe notar en dicha narración la importancia de la interdependencia de los dones ministeriales (vea en particular los versos 14-25) y cómo Felipe no sólo predicó el evangelio a las multitudes sino que Dios también le guió a ministrar en forma individual (ver Hechos 8:25-39).
Parece que los evangelistas están comisionados a bautizar a sus convertidos, pero ellos no están necesariamente comisionados para ministrar el bautismo en el Espíritu Santo a los nuevos creyentes. Esta podría ser la primera responsabilidad de los apóstoles o pastores/ ancianos/ superintendentes.

El Oficio del Pastor

En dos capítulos anteriores, comparé el papel bíblico del pastor con el rol del pastor institucional de hoy en día. Sin embargo, todavía se puede decir más acerca del ministerio del pastor.
Para entender completamente lo que la escritura enseña acerca del oficio de pastor, debemos entender tres palabras griegas claves. En el lenguaje griego estas palabras son (1) poimen, (2) presbuteros y (3) episkopos. Estas palabras consecutivamente se traducen (1) pastor, (2) anciano y (3) superintendente u obispo.
La palabra poimen se encuentra dieciocho veces en el Nuevo Testamento y se traduce como pastor (relacionado al cuido de ovejas) diecisiete veces y como pastor (referente a ser un ministro) una vez. La forma verbal de esta palabra, poimaino se encuentra once veces y se traduce pastor (cuido de ovejas).
La palabra griega presbuteros se encuentra sesenta y seis veces en el Nuevo Testamento. Sesenta de estas veces se traduce como anciano o ancianos.
Finalmente, la palabra griega episkopos se encuentra cinco veces en el Nuevo Testamento y se traduce como superintendente cuatro veces. La versión Reina Valera la traduce como obispo. Estas tres palabras se refieren a la misma posición en la iglesia y se usan indistintamente. Cuando el apóstol Pablo establecía iglesias, él dejaba ancianos (presbuteros) a cargo de las congregaciones locales (ver Hechos 14:23; Tito 1:5).
Su responsabilidad era ejercer como superintendentes (episkopos) y pastorear (poimaino) su rebaño. Por ejemplo, en Hechos 20:17 leemos:
“Desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos [presbuteros] de la iglesia” (énfasis agregado).
¿Y qué fue lo que Pablo dijo a estos ancianos?
“mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el espíritu Santo os ha puesto por obispos [episkopos] para apacentar [poimaino] la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28, énfasis agregado).
Nótese que estas tres palabras griegas se pueden intercambiar. No son tres diferentes oficios. Pablo dijo a los ancianos que ellos eran obispos y tenían que actuar como pastores.
Pedro escribe en su primera epístola:
“Ruego a los ancianos [presbuteros] que están entre vosotros, yo, anciano también con ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: apacentad [poimaino] la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto, no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:1-4, énfasis agregado).
Pedro dijo a los ancianos que pastorearan sus rebaños. El verbo que aquí se traduce como apacentar se traduce (en su forma sustantiva) como pastor en Efesios 4:11:
“Y Él [Jesús] mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros” (énfasis agregado).
Esto también nos lleva a creer que los ancianos y los pastores son los mismos.
Pablo también usó la palabra anciano (presbuteros) y obispo (episkopos) indistintamente en Tito 1:5-7:
“Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieras lo deficiente y establecieras ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé.....es necesario que el obispo sea irreprochable” (énfasis agregado).
Por esto no sería razonable debatir que el oficio de pastor, anciano y superintendente u obispo no es un mismo oficio. Cualquier cosa que está escrita acerca de los superintendentes y ancianos en el Nuevo Testamento y sus epístolas aplica a los pastores.

El Gobierno de la Iglesia

También está claro por las escrituras que acabamos de citar que no sólo a los pastores, ancianos y superintendentes se les ha dado el cargo de autoridad espiritual sobre las iglesias, sino que también se les dio el cargo de autoridad gubernamental. Simplemente, los ancianos, pastores y superintendentes están a cargo, y los miembros de las iglesias deben someterse a ellos:
“Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas como quienes han de dar cuenta” (Hebreos 13:17).
Por supuesto que ningún cristiano debe someterse a un pastor que no se somete a Dios, pero también debe saberse que ningún pastor es perfecto.
Los pastores, ancianos, superintendentes tiene autoridad sobre sus iglesias igual que el padre tiene autoridad sobre su familia:
“que el obispo [pastor/ anciano] sea irreprochable.....que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Timoteo 3:2-5, énfasis agregado).
Pablo siguió diciendo,
“Los ancianos [pastores/ superintendentes] que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar” (1 Timoteo 5:17, énfasis agregado).
Claramente, los ancianos son los que gobiernan la iglesia.

Los Ancianos que No Están en la Escritura

Muchas iglesias creen que su gobierno estructural es bíblico porque tienen un grupo de ancianos que gobiernan, pero su problema es que su concepto de ancianos es incorrecto. Sus ancianos son con frecuencia electos y rotan en su congregación. A ellos con frecuencia se les conoce como “la Junta de Ancianos”. Pero estas personas no son ancianos por definición bíblica. Si simplemente examinamos los requisitos que Pablo enumeró para cualquier hombre que quiera ser anciano, esto se hace claro. Pablo escribió que los ancianos son trabajadores de tiempo completo, por lo cual reciben paga por enseñar, predicar y gobernar la iglesia (ver 1 Timoteo 3:4-5; 5:17-18; Tito 1:9). Muy pocas personas, o ninguna de las que se sientan en “las juntas de ancianos” de la iglesia, llenan esos requisitos. A ellos no se les paga; no predican ni enseñan; no trabajan tiempo completo en la iglesia; y casi no saben cómo manejar una iglesia.
El gobierno de la iglesia sin base bíblica puede más bien ser causa de más problemas en la iglesia local que cualquier otra cosa. Cuando la gente equivocada está gobernando la iglesia, los problemas vendrán. Esto puede abrir la puerta a la contienda, el compromiso y la ruina total de la iglesia. Una iglesia con un gobierno no bíblico es como una alfombra de bienvenida para el diablo.
Me he dado cuenta que le estoy escribiendo a pastores de iglesias institucionales y a pastores de iglesias caseras. Algunos pastores de las iglesias institucionales puede que ya estén pastoreando iglesias que tengan una estructura de gobierno no bíblica donde los ancianos son elegidos desde la congregación. Este gobierno que no es bíblico usualmente no puede ser alterado sin que surja una contienda.
Mi consejo a este tipo de pastores es que hagan lo mejor con la ayuda de Dios para cambiar la estructura de gobierno de su iglesia y soportar los posibles conflictos, pues, de todos modos, los conflictos son inevitables en el futuro si no se hace nada. Si él tiene éxito al cabo de un tiempo de contienda, él evitará todos los conflictos futuros. Si falla, podrá siempre comenzar una nueva iglesia y hacer un gobierno conforme a la Escritura desde el inicio.
Aunque sea doloroso, a largo plazo probablemente producirá más fruto para el Reino de Dios. Si los ancianos que están actualmente gobernando la iglesia son verdaderos discípulos de Cristo, él tendrá una oportunidad de convencerlos exitosamente de que cambien la estructura, si puede inclinarlos respetuosamente por medio de la Escritura hacia los cambios necesarios.

¿La Pluralidad de los Ancianos?

Algunos desean señalar que en la Escritura siempre se ha hablado de los ancianos en plural, mostrando aparentemente que no es bíblico tener un solo anciano/ pastor/ superintendente liderando su rebaño. Sin embargo, en mi opinión, no es una prueba concluyente. La Biblia en verdad menciona que en ciertas ciudades, más de un anciano estaba supervisando la iglesia, pero no dice que esos ancianos tenían la misma autoridad sobre congregaciones individuales. Por ejemplo, cuando Pablo reunió a los ancianos de Éfeso (ver Hechos 20:17), era bastante obvio que esos ancianos eran de una ciudad en donde la suma de todo el cuerpo consistía en miles y quizás diez miles de personas (ver Hechos 19:19). Por esto tuvo que haber habido muchos rebaños en Éfeso, y es bastante posible que cada anciano supervisara una iglesia casera individualmente.
No hay ningún ejemplo en la Escritura en donde Dios llame a un comité para hacer una tarea. Cuando Dios quería liberar a Israel de Egipto, Él llamó a un solo hombre, Moisés, para ser el anciano. Otros fueron llamados para ayudar a Moisés, pero todos ellos se sometían a Moisés, y como él, cada uno de ellos tenía una responsabilidad diferente sobre cierto subgrupo de gente. Este modelo se repite varias veces en la Escritura. Cuando Dios tiene una tarea para alguien, Él llama a una persona para que tome la responsabilidad, y llama a otros para que le ayuden.
Por esto, pareciera extraño que Dios llame a un comité de ancianos con igual autoridad para supervisar cada pequeña iglesia casera de veinte personas. Esto pareciera una invitación para la disputa.
Esto no quiere decir que cada iglesia casera debe ser supervisada por uno y sólo un líder. Sin embargo, se puede decir que si hay más de un anciano en la iglesia, el anciano más joven y con menor madurez espiritual debe someterse al anciano mayor y más maduro espiritualmente. La Escritura dice que son las iglesias, no las escuelas bíblicas, las que deben entrenar a los pastores/ ancianos/ superintendentes más jóvenes, y así es bastante posible y deseable que hayan varios pastores/ ancianos/ superintendentes en las iglesias caseras, en donde los menos maduros espiritualmente sean discipulados por aquellos con mayor madurez espiritual.
He observado este fenómeno aún en iglesias que supuestamente son supervisadas por ancianos con la “misma” autoridad. Siempre hay un anciano que sobrepasa a los otros y vela por los otros. O siempre hay uno que es dominante mientras que los otros son más pasivos. De otra forma, eventualmente habría contienda. Es un hecho que cada comité siempre elige a una persona líder. Cuando un grupo de iguales se dispone a realizar una tarea, reconocen que debe haber un líder. De igual modo acontece en la iglesia.
Además, la responsabilidad de los ancianos se compara con la responsabilidad de los padres, por lo que Pablo dice en 1 de Timoteo 3:4-5. Los ancianos deben manejar bien sus propias casas, porque de otra manera no podrían manejar bien una iglesia. Pero ¿qué tan bien se puede manejar una familia con dos padres con la misma autoridad? Yo pienso que puede haber muchos problemas.
Los ancianos/ pastores/ superintendentes deberían trabajar juntos en el cuerpo de Cristo siendo responsables mutuamente, para poderse ayudar en caso de que surja algún problema. Pablo escribió sobre un “presbiterio” (1 Timoteo 4:14), lo cual debió ser una reunión de presbuteros (ancianos) y posiblemente de otros hombres con dones ministeriales. Si hay un apóstol fundador, él también puede ayudar con sus servicios cuando haya problemas en un cuerpo local debido a un error de algún anciano. Cuando los pastores institucionales van por mal camino, siempre dará como resultado graves problemas debido a la estructura de la iglesia. Hay un edificio y hay programas que mantener. Pero las iglesias caseras pueden disolverse instantáneamente cuando un pastor se desvía por mal camino. Los miembros simplemente pueden empezar a congregarse en otra iglesia.

La Autoridad para Servir

El hecho de que Dios le de al pastor autoridad espiritual y gubernamental en su iglesia, no le da derecho a dominar su rebaño. Él no es el Señor. Jesús lo es. No se trata de su rebaño. Se trata del rebaño de Dios.
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:2-4, énfasis agregado).
Cada pastor tendrá que dar cuentas por su ministerio algún día ante el trono del juicio de Cristo.
Además, en cuanto a las finanzas, un pastor/anciano/superintendente no debe actuar solo. Si se recolecta dinero regular o esporádicamente por cualquier razón, otras personas dentro del cuerpo de la iglesia deben responsabilizarse de la fiscalización del dinero para que así no exista desconfianza en cuanto al manejo de fondos ( ver 2 Corintios 8:18-23). Este puede ser un grupo elegido o creado para este fin.

El Pago a los Ancianos

Está claro en la Escritura que los ancianos/ pastores/ superintendentes deben recibir un salario, ya que son trabajadores a tiempo completo en la iglesia. Pablo escribió:
“Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar, pues la Escritura dice: “No pondrás bozal al buey que trilla” y “Digno es el obrero de su salario” (1 Timoteo 5:17-18).
El tema está claro, Pablo inclusive utiliza la palabra salario. La frase acerca de que los ancianos que gobiernan bien deben ser honrados doblemente se entiende fácilmente cuando se considera el contexto. En los versos anteriores a este, Pablo escribe acerca de la responsabilidad de la iglesia de ayudar financieramente a las viudas, a quienes no se ayudarían de otra forma, y él inicia utilizando la misma expresión “Honra a las viudas que en verdad lo son” (ver 1 Timoteo 5:3-16). Así que en este contexto, “honrar” significa ayudar financieramente. Los ancianos que gobiernan bien deben ser considerados dignos de doble honor, recibiendo al menos el doble de lo que se le da a las viudas y más aún si tienen hijos que mantener.
La iglesia institucional alrededor del mundo sostiene a sus pastores en su mayoría (aun en naciones pobres), pero parece que muchas iglesias caseras alrededor del mundo, especialmente aquellas en el occidente, no lo hacen. Yo creo, que esto se debe, en parte, a que la razón de muchas personas en el mundo occidental para unirse a las iglesias caseras es su rebeldía de corazón, y se unen a ellas buscando, y de hecho la han encontrado, la opción menos demandante del cristianismo disponible en el planeta. Manifiestan que se unen a una iglesia casera porque quieren escapar de la esclavitud de la iglesia institucional, pero lo que realmente quieren es escapar del compromiso con Cristo. Han encontrado iglesias que no solicitan ayuda financiera, razón por la cual contrastan con lo que Cristo espera de sus discípulos. Aquellos cuyo Dios es el dinero y que prueban este hecho al hacerse tesoros en la tierra y no en el cielo, no son verdaderos discípulos de Jesús (ver Mateo: 6:19-24; Lucas 14:33). Si el cristianismo de alguno no afecta su manejo del dinero, esta persona no es cristiana del todo.
Las iglesias caseras que dicen ser bíblicas deberían sostener a sus pastores, cuidar del pobre y ayudar a las misiones. En cuanto al dar y a las finanzas, estas iglesias deben aventajar a las iglesias institucionales, pues no tienen ningún edificio que pagar y no tienen empleados que sostener. Sólo se necesita diez personas que diezmen para sostener un pastor. Diez personas que den el 20% de su salario pueden sostener completamente a un pastor y a otro misionero con un estilo de vida similar al del pastor.

¿Qué Hacen los Pastores?

Imagínese preguntando lo siguiente a un miembro promedio de su congregación, “¿A quién le corresponde hacer las siguientes cosas?”
¿Quién se supone que debe compartir el evangelio con los no salvos? ¿Vivir una vida santa? ¿Orar? ¿Amonestar, motivar y ayudar a otros creyentes? ¿Visitar a los enfermos? ¿Imponer manos y sanar a los enfermos? ¿Ejercer sus dones a favor de la iglesia? ¿Negarse a sí mismo por amor al Reino de Dios? ¿Hacer y bautizar a los discípulos, enseñándoles a obedecer todos los mandamientos de Cristo?
Muchos de los miembros de las iglesias, sin pensarlo, dirían, “todo eso es responsabilidad del pastor”, pero, ¿lo es?
De acuerdo con la Escritura, todo creyente debe compartir el evangelio con los no salvos:
“santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15).
Todo creyente se supone que debe vivir una vida santa:
“así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está: “sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-16).
Todo creyente debe orar:
“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:16-17).
Todo creyente debe amonestar, motivar y ayudar a otros creyentes:
“También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14, énfasis agregado).
Todo creyente debe visitar al enfermo:
“estuve desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y fuisteis a verme” (Mateo 25:36).

Más Responsabilidades

Pero esto no es todo. Todo creyente debe imponer manos y sanar al enfermo:
“Estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán serpientes en las manos y, aunque beban cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:17-18, énfasis agregado).
Todo creyente debe llevar las cargas de otros creyentes:
“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gálatas 6:2).
Todo creyente debe ejercer los dones que le han sido dados a favor de otros:
“Tenemos, pues, diferentes dones, según la gracia que nos es dada: el que tiene el don de profecía, úselo conforme a la medida de la fe; el de servicio, en servir; el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con generosidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12:6-8).
Todo creyente debe negarse a sí mismo, sacrificándose por amor al evangelio:
“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio la salvará” (Marcos 8:34-35, énfasis agregado).
Y todo creyente debe hacer y bautizar discípulos, enseñándoles a obedecer los mandamientos de Cristo:
“De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos; pero cualquiera que los cumpla y los enseñe, este será llamado grande en el reino de los cielos” (Mateo 5: 19; énfasis agregado).
Debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales, que tenéis necesidad de leche y no de alimento sólido” (Hebreos 5:12, énfasis agregado).
“Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado. Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:19-20, énfasis agregado). 10
Todas estas responsabilidades fueron dadas a todos los creyentes, pero la mayoría de las personas que asisten a las iglesias ¡piensan que este es el trabajo del pastor! La razón es probablemente porque los pastores creen también que estas son únicamente sus responsabilidades.

¿Entonces Qué se Supone que Hacen los Pastores?

Si todas estas responsabilidades se le han dado a cada creyente, ¿entonces qué es lo que tiene que hacer un pastor? Bastante simple, ellos son llamados a perfeccionar a los santos para que hagan todas esas cosas (ver Efesios 4:11-12). Ellos son llamados a enseñar a todos los santos creyentes a obedecer los mandamientos de Cristo (ver Mateo 28:19-20) por precepto y con su ejemplo (ver 1 Timoteo 3:2; 4:12-13; 5:17; 2 Timoteo 2:2; 3:16-4:4; 1 Pedro 5:1-4).
La Escritura no pudo haberlo expresado más claramente. El rol bíblico del pastor no es el reunir a tanta gente como sea posible los domingos en la mañana en los cultos de la iglesia. Es “presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre” (Colosenses 1:28). Los pastores bíblicos no le hacen cosquillas a los oídos de la gente (ver 2 Timoteo 4:3); ellos enseñan, exhortan, amonestan, corrigen, reprueban, y rechazan, todo basado en la Palabra de Dios (ver 2 Timoteo 3:16-4:4).
Pablo expuso algunos de los requisitos para las personas que anhelaban el oficio de pastor en su primera carta a Timoteo. Catorce de los quince requisitos tienen que ver con su carácter, indicando que el ejemplo de su estilo de vida es lo más importante:
“Palabra fiel:”si alguno anhela obispado, buena obra desea”. Pero es necesario que el obispo sea irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; que no sea dado al vino ni amigo de peleas; que no sea codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad ( pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); que no sea un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga un buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo” (1 Timoteo 3:1-7).
Al comparar estos requisitos con aquellos que con frecuencia solicitan las iglesias institucionales cuando buscan pastores, se evidencia el mayor problema de tantas iglesias. Estas iglesias buscan gerentes de empleados/ anfitriones/ con mensajes cortos/ administradores/ sicólogos/ directores de programas y actividades/ recolectores de dinero/ amigos de todos/ caballos de trabajo. Estas iglesias quieren a alguien que “dirija el ministerio de la iglesia”. Sin embargo, el superintendente bíblico, por encima de todo debe ser un hombre de gran carácter y compromiso con Cristo, un verdadero siervo, porque su meta es reproducirse a sí mismo. El debe ser capaz de decirle a su rebaño, “sed imitadores de mí, como yo lo soy de Cristo” (1 Corintios 11:1).
Para un estudio más profundo concerniente al oficio de pastor, también vea Hechos 20:28-31; 1 Timoteo 5:17-20; y Tito 1:5-9.

El Oficio del Diácono

Para terminar, déjeme mencionar brevemente algo acerca de los diáconos. El oficio del diácono es el único otro oficio en la iglesia local, y no está entre los cinco dones ministeriales. Los diáconos no tienen autoridad de gobierno en la iglesia como la tienen los ancianos. La palabra griega para diácono es diakonos, la que literalmente significa “siervo”.
Los siete hombres a los que se les dio la tarea de alimentar a las viudas de la iglesia de Jerusalén son usualmente considerados como los primeros diáconos (ver hechos 6:1-6). Ellos fueron escogidos por la congregación y comisionados por los apóstoles. Por lo menos dos de ellos, Felipe y Esteban fueron promovidos por Dios para ser evangelistas poderosos.
También se halla referencia sobre los diáconos en 1 Timoteo 3:8-13 y en Filipenses 1:1. Aparentemente este oficio puede ser realizado por un hombre o por una mujer (ver 1 Timoteo 3:11).

OJO BUSCAR EN ESTE BLOG CUALQUIER TEMA INTERESANTE

AMOR

http://cnnespanol.cnn.com/cnnvenezuela/#0
Reflexión:
Parte de vivir y de crecer en la vida, es precisamente en ocasiones "caer" o "errar".
Lo importante no es caer, o cuantas veces caes, lo importante es que te LEVANTES.
En su Palabra DIOS nos dice que ÉL nos sostiene y levanta al caído. Las circunstancias adversas no pueden destruir nuestro camino, ni detenernos y hacer el esfuerzo de subir de nuevo al cielo.
TulipanPon tu mirada en JESÚS Flor
No hay texto alternativo automático disponible.

Quizás también le interese:

SAN ANTONIO DE LOS ALTOS EN LA GRAN CARACAS

Mi Residencia es San Antonio de Los Altos cerquita de Carrizal "Venezuela"

'QUE HERMOSO Y MARAVILLOSO ES TENER ESPERANZA'
Esperanza es la virtud que alienta nuestra vida de creyentes en Cristo y nos brinda la energía moral para transitar el largo camino que se inicia con nuestro encuentro con el Señor.
La esperanza es un don de Dios que él en su gracia pone en nosotros desde que creímos. Es el resultado de ejercitar la fe en el cumplimiento de las promesas del Señor.
La Biblia es el libro de la esperanza, el mensaje del evangelio es un mensaje de esperanza, siendo el Señor Jesús resucitado la personificación de nuestra esperanza.
Dios te bendiga, mas todavía.

Le pedí a Dios agua; Él me dio un océano.
Le pedí a Dios una flor; Él me dio un jardín.
Le pedí a Dios un árbol; Él me dio un bosque.
Le pedí a Dios un amigo; Él me dejó conocerle
'Jesús'

Paisajes de Venezuela compiten entre las Siete Maravillas Naturales del Mundo
Paisajes como El Salto Ángel, El Roraima y La Amazonia, compiten en las Siete Nuevas Maravillas Naturales del Mundo.
Tiempo


Sobre mi Ligia Margarita González de Hernandez

Sobre mí:Soy una persona SENSIBLE, quiero AMAR... y el deseo de mi corazón es llevarle consuelo, a las personas, [que VALORO muchísimo.

"Jesús"
El nos amó, nos ama y nos amará. Gracias a Él es que podemos llamarnos hijos de Dios, Dios eligiéndolos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, {EF 1,5;} Jesús se ofreció como sacrificio eterno al padre, y ofreció su sangre por nuestros pecados; ya el enemigo ¡no nos puede atar! ¡Somos libre! por la sangre, del cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. !El mundo no te puede atar¡ Sólo tú te puedes atar (limitar). En Él nombre de Jesús te invito a que entregues tu vida a Jesús, para que el Espíritu Santo te toque y te envuelva en el amor del Padre. No digas; nadie me ama o que solo me siento y mucho menos digas; yo no valgo nada. Hermano mío, tú vales la sangre del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, tú vales la sangre de Cristo. Por lo tanto tú eres importante. Posiblemente te encuentras en la oficina de un doctor o en un hospital enfermo sintiéndote solo, triste, angustiado; posiblemente estás molesto por tanto esperar, tienes la angustia de no saber que tienes y eso te crea una inseguridad emocional, mas sin embargo yo te digo que tu no estás solo. ¡Hay alguien que te ama, y ese alguien, ,tiene nombre de hombre y se llama Jesús! Él sabe por lo que estás pasando y hoy te dice; hijo mío cuando, más sólo te has sentido, es cuando más cerca he estado de ti. Posiblemente te preguntarás. ¿Me amará el Señor? Para poder contestarte esa pregunta solo te invito a que mires a una imagen de Jesús crucificado, mira sus llagas y su sangre derramadas por ti y por mí, mira la corona de espinas. Mira sus rodillas en carne viva y ahora soy yo el que te pregunta ¿crees que Jesús te ama?¡Pues claro que te AMA!





La imagen puede contener: una o varias personas

Insignia de Facebook

Ligia Margarita González de Hernández Crea tu insignia

ETICA Y MORAL

VIDA DESPUES DE LA VIDA 'DONDE PASARAS LA ETERNIDAD?

Dios no promete a nadie mañana, 'Por lo que prepararse para la eternidad es de vital importancia. Entonces, ¿por qué tantas personas vi...